En la visita diocesana del 2 de Septiembre de 1569 se dice: "; La
Iglesia consta de tres naves, con paredes de yeso al tiempo viejo, que
sufren la humedad en invierno. El techo es de madera. Tiene el retablo
de talla y pincel viejo. El frontal del altar es bueno. La torre es de
mampostería nueva y tiene dos campanas colocadas recientemente,
de las que una se quebró pidiéndole responsabilidades a
quien las hizo";. Esto quiere decir que la Iglesia actual es posterior
a esta fecha.
En la visita del 28 de Octubre de 1580 se dice: ";La iglesia es de
paredes de tapias viejas; hay necesidad de que se reedifique de nuevo,
excepto la torre, que es de cantería bien labrada";. En este
escrito se puede entender que la torre actual es anterior a esta fecha
y ya hace referencia a la necesidad de construir una nueva iglesia.
En la visita del 23 de Mayo de 1655 se habla de una Capilla Mayor muy
deforme y con necesidad de hacerse de nuevo";. En este escrito no
se especifica si se trata de la antigua iglesia o de alguna capilla conservada
de la antigua edificación.
Por los datos que aportan estos escritos se puede deducir que la actual
iglesia se construyó sobre el siglo XVII, aunque la torre es anterior
al 1580.
La Iglesia es de una sola nave longitudinal y un transecto, dando lugar
a una planta de cruz latina, con la entrada en el lateral sur y una torre
a los pies del templo, en el extremo oeste. La fábrica es de mampostería,
sillarejo y sillares en esquinas, pilastras y arcos fajones. La torre
es de cantería bien labrada. La nave está cubierta por un
artesonado de madera, parte del cual es el original (siglo XVII). Posee
una cúpula sobre pechinas en el crucero. El tejado es a dos aguas
en la nave y a cuatro aguas en la cúpula y la torre.
La torre es cuadrangular, de tres cuerpos y campanario con un ojo en cada
cara. El acceso a la torre es mediante un arco de medio punto de piedra
bien labrada. En el campanario existen dos campanas como ya se mencionan
en los escritos anteriormente comentados.
La portada se encuentra en el lateral sur. Es de sillares de piedra bien
labrada, de estilo Renacentista, con un arco de medio punto coronado por
un frontón triangular, decorado con una hornacina destinada a albergar
la imagen de la Virgen. En uno de los laterales se puede observar la fecha
";diciembre 1916"; (esta fecha puede indicar alguna obra que
se hizo en la iglesia, ya que la portada es la original). Las puertas
son de madera de pino con herrajes de forja, de estilo castellano del
siglo XVII. El cancel es también de madera del siglo XVII y posee
gran valor.
En sus orígenes, la bóveda central fue construida con un
artesonado de madera. Las vigas descansan sobre ménsulas de madera
bien tallada. Posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, se construyó
una bóveda que ocultó el artesonado y en el año 2001,
tras las obras de restauración se eliminó la bóveda
dejando a la vista el artesonado restaurado.
Sobre el crucero se alza una cúpula sobre pechinas, sustentada
por cuatro arcos de medio punto de piedra bien labrada que nacen de cuatro
columnas de sillares de piedra bien labrada. En las pechinas se pueden
observar cuatro pinturas sobre la vida de la Virgen (Anunciación,
Nacimiento, Sagrada Familia y Asunción), de la segunda mitad del
siglo chica.
Una escalera de piedra bien labrada da acceso al altar mayor. Al lado
derecho se encuentra la antigua pila bautismal cuyo origen no se recuerda.
El retablo es de madera tallada y dorada, decorado con motivos vegetales,
de estilo barroco. Se compone de tres cuerpos con tres calles, culminado
en el ático con el tema de la crucifixión. Los dos cuerpos
inferiores son reconstruidos hacia la mitad del siglo chica. En la calle
central destaca una hornacina de medio punto ornamentada donde se encuentra
la imagen de la Virgen del Villar, patrona del pueblo. Destacan sus columnas
salomónicas y sus estípites.
La sacristía se encuentra situada en el brazo izquierdo del transecto,
con marco de piedra bien labrada.
Bajo la ventana del lateral sur se aprecia una piedra calcárea
en la cual se encuentran los restos de un escudo. En las piedras que circundan
la ventana norte se aprecia claramente la fecha";año de 1691";.
En una sala adjunta al templo, de reciente construcción, se observa
una portada en piedra procedente de una casa del pueblo en la que se puede
observar un escudo y la fecha "; año de 1741";..
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La
batalla de Uclés
Autor: Agrimiro Saiz Ordoño
Los almorávides conquistaron Valencia en 1102
consiguiendo una importante vía de penetración hacia el
interior peninsular. Tras diversos ataques contra los condados catalanes
decidieron atacar el reino cristiano por su flanco este, eligiendo a Uclés
como primer objetivo.
Este es un punto estratégico celtíbero posteriormente romanizado
del que se conservan numerosas inscripciones latinas y que era llamado
Pagus Oculensis, de ahí Uclés, en árabe Uqulis. Al
desaparecer Segóbriga, pasó la capitalidad de la kura (región)
de Santaveria (Celtiberia) a Uclés, donde en 775 se sublevó
contra Abd al-Rahman I, al-Fath b. Musa B. Di-l-Nun, de la que hizo su
capital y en la que levantó diversos edificios. Bajo la protección
de Alfonso VI fue uno de los pocos emplazamientos que empezaron a desarrollarse.
El jefe almorávide Alí ben Yusuf designó a su hermano
Tamín, gobernador de Granada, como mando supremo del ejército.
Partió en la primera decena de mayo de 1108 -última del
Ramadán- dirigiéndose a Jaén, donde se incorporaron
las tropas de Córdoba mandadas por Ibn Abi Ranq. Siguieron por
Baeza donde, entre la Roda y Chinchilla, se unieron el conquistador de
Murcia y Aledo, Abu Abd Allah Muhammad Aysa, y el de Valencia, Abd Allah
b. Fátima, con el fin de que ninguna de las milicias se vieran
aisladas en algún momento cuando se internaran en territorio enemigo.
El gran ejército avanzó, mal ordenado, indisciplinadamente,
según era su costumbre y desprovistos de máquinas de guerra,
abiertamente a través de la Meseta, saqueando y quemando los pequeños
asentamientos cristianos que encontraban a su paso. Tras veinte o veinticinco
días de marcha llegan a Uclés, el miércoles 27 de
mayo.
La última jornada fue galopante para sorpender, por la mañana,
a sus moradores., Cruzaron el río Bedija, que nace de la fuente
fi ras al-madina, sitiando la ciudad extendida por la falda este del escarpado
cerro orientado de norte a sur en que está enclavado el castillo,
fortificado con puente levadizo y siete torres: Albarrana, de la Plata,
Blanca, del Homenaje Viejo, Homenaje Principal, del Pontido y del Palomar;
estaba amurallado y contaba con seiscientas cincuenta almenas cuando se
extendió con un segundo cerco, y seis puertas: Herrería,
Alcantarilla, del Agua, del Póstigo, Sicuendes y San Pedro.
Los habitantes se quedaron estupefactos ante aquel inesperado ataque,
poco pudieron hacer para evitar la destrucción de las partes bajas
de las defensas y evitar el asalto. Los atacantes hicieron prisioneros
a los que no dio tiempo de refugiarse en la alcazaba, que no llegó
a ser tomada. En el poblado hicieron estragos, asesinando, arrancando
árboles, derribando casas destruyendo la iglesia, sus cruces e
ídolos, arrancaron las campanas sustituyéndolas por almuédanos.
Saquearon y se hicieron mutuos regalos de prisioneros. Los mudéjares
del lugar recibieron a los asaltantes como libertadores descubriéndoles
brechas y partes cerradas. El sol se ocultaba y los muslimes regresaron
a su campamento disponiendo centinelas que vigilasen sus extremos para
evitar algún ataque por sorpresa. Durante el día siguiente,
jueves 28, centraron sus esfuerzos en atacar la alcazaba ocasionando daños,
pero sin lograr asaltarla.
Informado Alfonso VI del movimiento de tropas enemigas y del cerco que
habían impuesto al importante enclave de Uclés, reunió
un ejército con las fuerzas que más rápidamente pudo
disponer: las propias de Toledo, las de Alcalá de Henares, Catalañazor
y las mesnadas de los condes Garci-Fernández, Conde Gomecio, Martín
Lainez, García de Cabra, Sancho -nieto del Cid- y Fernando Díaz.
El viejo rey arrastraba una herida en la pierna sufrida en la batalla
de Salatrices. No pudiendo entrar en campaña delega el mando del
ejército en Alvar Fañez, sobrino del Cid y fundador, entre
otros, del Castillo de Huelves. Para darle viso de autoridad a la expedición
toma una grave decisión: enviar a su hijo Sancho Alfonsez al frente.
Sancho era su único hijo varón, fruto de las relaciones
amorosas con lajoven y bella princesa Zaida. Desde el mismo momento de
su nacimiento fue reconocido como heredero, designado a reinar en los
dominios cristianos a pesar de haber nacido fuera del matrimonio y de
que su madre fuera mora. Su padre así lo quiso haciéndole
figurar en los diplomas reales a partir de 1103 ostentando las denominaciones
de "puer, regis filius, infans, regnum electus patrifactum y Toletani
imperatoris filius". En el "quirógrafo de la moneda",
que es el último diploma donde suscribe el infante, aporta el dato
de que su padre le había encomendado el gobierno de Toledo. Los
cronistas dicen refiréndose a su edad que era "adhuc párvulo",
que podía montar a caballo pero era incapaz de defenderse, por
lo que estaría en torno a los doce años. Al cuidado de este
príncipe de doble sangre, está su ayo el conde de Nájera,
García Ordóñez, a quien llaman Boqui tuerto y también
Crispín, a quien el rey le hizo el encargo especial de ser el directo
responsable de su seguridad.
En Castilla y León había veintisiete nobles y diecisiete
obispos, por tanto los ocho aristócratas reunidos por Alfonso VI
suponían un quinto de los recursos militares del reino, con unos
efectivos entre caballeros, escuderos, mozos de caballos, encargados de
las distintas remesas de provisiones y efectos y de los colonos del lugar
reclutados de aproximadamente tres mil o tres mil quinientos combatientes.
En la noche del jueves 28 al 29 de mayo, un joven musulmán desertor
del ejército cristiano informa a los muslines dando todo tipo de
pormenores del mismo. Tamín celebró consejo de guerra con
los gobernadores de Murcia y Valencia, Ibn A ysa e Ibn Fatima, y acordaron
dar la batalla, pero antes aseguraron bien el campamento reforzando su
guarda y sus defensas contra la guarnición de la plaza, por si
esta hacía una salida durante el encuentro.
Al rayar el alba, a punto de dar las 6 del viernes 29 de mayo, salieron
los musulmanes al paso de los castellanos situándose a poca distancia
de Uclés, al suroeste. Avanzaban los cordobeses en vanguardia,
las alas las formaban las tropas de Murcia y Valencia, y el centro o saqa
va mandado por Tamín con los soldados granadinos.
Los almorávides, como los tuareg del Sáhara y de los confines
de Nigeria, de donde procedían, cubrían el rostro con velos
negros y atacaban al ritmo ensordecedor de tambores de piel de hipopótamo,
con banderas desplegadas, sembrando el terror entre sus enemigos. Además,
contaban con saeteros que combatían en ordenadas filas paralelas.
La táctica de masas compactas y disciplinadas que actúan
en concordancia era nueva para los cristianos, acostumbrados a los encuentros
singulares.
Los dos ejércitos estaban a la vista el uno del otro, frente a
frente.
Alvar Fañez, sin más, ordenó atacar a la caballería
seguida de los de a pie, arremetiendo de frente, en campo abierto, confiando
la victoria a la gran fuerza de choque. No hubo misiones de reconocimiento,
no hubo planes preliminares, no hubo estrategias, no hubo escaramuzas,
no hubo tanteos.
Los cristianos enlorigados descargaron toda su furia contra las tropas
cordobesas, a que las derrotan pero no completamente. Estas son capaces
de retroceder ordenadamente 1800 metros hacia el este uniéndose
a las huestes granadinas. Un forzudo jinete árabe avanzó
desafiante. Le salió al encuentro otro campeón cristiano,
manteniendo un encarnizado duelo. El castellano fue herido y desarzonado
de su montura.
Las alas murcianas y valencianas atacaron el campamento cristiano arrasándolo,
poniendo en fuga a la solitaria infantería. Volvieron sobre sus
pasos al grueso de la batalla, favorecidos por su mayoría numérica,
atacaron los laterales y la retaguardia, mientras los granadinos junto
a los recompuestos cordobeses arremetían la vanguardia en una clara
táctica envolvente que tantos éxitos les había dado
en otras refriegas, y que próntamente aprendió El Cid.
El desorden reinaba en las filas cristianas sin tiempo para defenderse
por todos los frentes, incapaces de improvisar un plan de emergencia provocando
la huida de una tropa auxiliar de judíos. La situación se
volvió dramática y los esfuerzos se centraron en salvar
al hijo del rey. Dice D. Rodrigo, que copia y traduce la Primera Crónica
General: "Como un enemigo hiriese gravemente el caballo que montaba
el infante Sancho, dijo este al Conde: 'Padre, padre, el caballo que monto
ha sido herido'. A lo que el conde respondió: 'Aguarda, que también
a ti te herirán luego'. Y al punto cayó el caballo, y al
caer con él el hijo del rey, descabalgó el conde y colocó
entre su cuerpo y el escudo al infante, mientras la muerte se cebaba por
todas partes. El conde, como era muy buen caballero, defendí a
al infante por una parte cubriéndolo con el escudo y por la otra
con la espada, matando a cuantos moros podía; pero al fin le cortaron
elpie y al no poder tenerse, se dejó caer sobre el niño
porque muriese él antes que el niño". Es esta una versión
influida por un cantar de gesta o romance.
Lo cierto es que las tropas cristianas sufrieron una severísima
derrota, en parte, por la firme decisión de los nobles de mantener
su posición en torno al príncipe, siendo casi totalmente
aniquilados. Tras una resistencia desesperada, los siete condes, en su
afán de proteger al infante Sancho, escaparon a galope tendido
hacia el noroeste, al Castillo de Belinchón, a unos veinte kilómetros.
Alvar Fañez, con un grupo regular de caballeros, logró eludir
el cerco dirigiéndose hacia el norte para preservar los cauces
alto y medio del Tajo.
Pero el peligro no pasó. Los mudéjares de Belinchón
aprovecharon la victoria almorávide para alzarse contra sus señores
cristianos. Los nobles fueron sorprendidos por un ataque que no había
entrado en sus cálculos cuando estaban exhaustos tras la batalla.
El príncipe, en vez de recibir protección y refugio en el
Castillo, fue traidoramente asesinado junto a sus escoltas.
Según D. Rodrigo, Alfonso VI, al tener conocimiento de la muerte
de su heredero exclamó en medio de suspiros: "¡Ay neu
fillo!, alegría de mi corazón e lune dos meos ollos, solaz
de niña vellez,. ¡Ay neu espello en que yo me solia ver,
e con que tomaba moy gran placer! Caballeros, ¿hu melo dejastes?
Dadme mey fillo, condes".
La pérdida de la estratégica fortaleza de Uclés,
la derrota de su ejército, tantos nobles desaparecidos y sobre
todo la pérdida de su hijo, le supuso al rey y su corte un duro
golpe del que personalmente no se repondría Al año siguiente
fallecía.
El Bedija se tiñó de rojo y el campo quedó sembrado
de cadáveres. Los almorávides no hicieron prisioneros. Los
que no pudieron huir y quedaron heridos fueron rematados. Les cortaron
la cabeza, sumando cerca de tres mil, y con ellas hicieron un macabro
montículo desde el que los almuédanos llamaron a la oración
pregonando la unidad de Alá, engrandeciéndolo por la victoria
habida.
Entre otros destacados, murió en la batalla el imán al-Yazuli.
Hicieron un gran botín en caballos, mulas, armas, dinero y escudos
que por ser excesivamente pesados les molestaba el cargarlos.
Los de Uclés, sintiéndose a salvo, se mantuvieron en la
fortaleza sin apoyar a sus correligionarios en el combate. Tamín,
en vez de continuar el sitio del castillo, regresó apresuradamente
a Granada y dejó que los gobernadores de Murcia y Valencia acabasen
de rendir la ciudadela. Al no disponer de máquinas de asedio y
ante las dificultades que ofrecía aquel empinado risco con sus
formidables murallas, fingieron retirarse, pusieron celadas y, cuando
los sitiados evacuaron la fortaleza y quisieron ponerse a salvo, los sorprendieron
matando a unos y cautivando a otros.
A la rebelión de Belinchón y la toma de Uclés, siguieron
la pérdida de Ocaña, Amasatrigo, Huete y Cuenca, lo que
facilitó al emir Alí, dos años después, emprender
una campaña que finalizaría con la absorción de Zaragoza
por el imperio almorávide.
Como consecuencia de la derrota de Uclés y opinando que los baños
enflaquecían a la gente guerrera, fueron vedados y quitados.
Los musulmanes llamaron al lugar donde se celebró la batalla Siete
Puercos. Mas tarde, el comendador de Uclés, Pedro Franco, mudó
el nombre por Siete Condes, vocablo que ha derivado en Sicuendes. Con
este nombre se levantó un pequeño poblado, hoy desaparecido,
entre Tribaldos y Villarrubio, a unos seis kilómetros al Suroeste
del castillo. También había una cruz de piedra a mil pasos
de la villa, con un crucifijo por un lado y la Virgen por otro. El paraje
tiene un hito muy expresivo: La Defensa.
El infante y los condes fueron enterrados en una capilla del Monasterio
de Sahagún.
No nos cuesta imaginar cual pudiera haber sido el futuro si la vida del
joven Sancho no hubiera sido truncada a tan temprana edad: habría
gobernado Portugal, quedando sus dos primos hispano borgoñeses,
Alfonso Enrique y Alfonso Raimúndez de señores territoriales
bajo su imperio. La unidad de España se habría conseguido
muchos años antes incluyendo la totalidad de la península.
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