RETAZOS HISTORICOS DE VILLARUBIO

Hace muchos siglos un labrador araba cerca de donde hoy está Villarrubio y se encontró una campana enterrada que tenía una inscripción que decía "Soy del Villar", después se comenzó a asentar gente en aquel lugar que fue llamado "Villar" como muchos otros pueblos de Cuenca en los que ántes había habido otro pueblo desaparecido (al cual perteneció la campana en éste caso) y después se añadió el sobrenombre de "Rubio" debido al color rojizo del barro del suelo (teoría de Heliodoro Cordente Martínez respecto a la palabra "Villar-Rubio". Cerca de Villarrubio había otras dos aldeas hoy desaparecidas llamadas "San Benito" y "Sicuendes" ó "Cicuéndez". El nombre de ésta última significaba "Siete Condes", debido al recuerdo de la historia de "Los Siete Infantes de Lara", sucedida en plena edad media en el cercano pueblo de Uclés, donde hubo tan gran batalla entre moros y las tropas de ALFONSO VI Villarrubio perteneció a la Orden de Santiago, que era dueña del monasterio de Uclés.

En la primera mitad del siglo XX se construyó una fábrica de harinas que hoy todavía funciona . La fábrica de muebles, el restaurante El Vasco y la empresa de Juan Pedro con sus legumbres son las actividades más importantes de este pueblo.

En 1973, siendo alcalde D. Angel López, Villarrubio pasó de ser un pueblo totalmente desconocido a las portadas de las revistas debido a que el cantante Nino Bravo falleció aquí en accidente de tráfico, y en cuyo honor se conserva un pequeño monumento cerca de la carretera.

 

DESCRIPCIÓN DE LA IGLESIA.
 

En la visita diocesana del 2 de Septiembre de 1569 se dice: "; La Iglesia consta de tres naves, con paredes de yeso al tiempo viejo, que sufren la humedad en invierno. El techo es de madera. Tiene el retablo de talla y pincel viejo. El frontal del altar es bueno. La torre es de mampostería nueva y tiene dos campanas colocadas recientemente, de las que una se quebró pidiéndole responsabilidades a quien las hizo";. Esto quiere decir que la Iglesia actual es posterior a esta fecha.
En la visita del 28 de Octubre de 1580 se dice: ";La iglesia es de paredes de tapias viejas; hay necesidad de que se reedifique de nuevo, excepto la torre, que es de cantería bien labrada";. En este escrito se puede entender que la torre actual es anterior a esta fecha y ya hace referencia a la necesidad de construir una nueva iglesia.
En la visita del 23 de Mayo de 1655 se habla de una Capilla Mayor muy deforme y con necesidad de hacerse de nuevo";. En este escrito no se especifica si se trata de la antigua iglesia o de alguna capilla conservada de la antigua edificación.
Por los datos que aportan estos escritos se puede deducir que la actual iglesia se construyó sobre el siglo XVII, aunque la torre es anterior al 1580.
La Iglesia es de una sola nave longitudinal y un transecto, dando lugar a una planta de cruz latina, con la entrada en el lateral sur y una torre a los pies del templo, en el extremo oeste. La fábrica es de mampostería, sillarejo y sillares en esquinas, pilastras y arcos fajones. La torre es de cantería bien labrada. La nave está cubierta por un artesonado de madera, parte del cual es el original (siglo XVII). Posee una cúpula sobre pechinas en el crucero. El tejado es a dos aguas en la nave y a cuatro aguas en la cúpula y la torre.
La torre es cuadrangular, de tres cuerpos y campanario con un ojo en cada cara. El acceso a la torre es mediante un arco de medio punto de piedra bien labrada. En el campanario existen dos campanas como ya se mencionan en los escritos anteriormente comentados.
La portada se encuentra en el lateral sur. Es de sillares de piedra bien labrada, de estilo Renacentista, con un arco de medio punto coronado por un frontón triangular, decorado con una hornacina destinada a albergar la imagen de la Virgen. En uno de los laterales se puede observar la fecha ";diciembre 1916"; (esta fecha puede indicar alguna obra que se hizo en la iglesia, ya que la portada es la original). Las puertas son de madera de pino con herrajes de forja, de estilo castellano del siglo XVII. El cancel es también de madera del siglo XVII y posee gran valor.
En sus orígenes, la bóveda central fue construida con un artesonado de madera. Las vigas descansan sobre ménsulas de madera bien tallada. Posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, se construyó una bóveda que ocultó el artesonado y en el año 2001, tras las obras de restauración se eliminó la bóveda dejando a la vista el artesonado restaurado.
Sobre el crucero se alza una cúpula sobre pechinas, sustentada por cuatro arcos de medio punto de piedra bien labrada que nacen de cuatro columnas de sillares de piedra bien labrada. En las pechinas se pueden observar cuatro pinturas sobre la vida de la Virgen (Anunciación, Nacimiento, Sagrada Familia y Asunción), de la segunda mitad del siglo chica.
Una escalera de piedra bien labrada da acceso al altar mayor. Al lado derecho se encuentra la antigua pila bautismal cuyo origen no se recuerda. El retablo es de madera tallada y dorada, decorado con motivos vegetales, de estilo barroco. Se compone de tres cuerpos con tres calles, culminado en el ático con el tema de la crucifixión. Los dos cuerpos inferiores son reconstruidos hacia la mitad del siglo chica. En la calle central destaca una hornacina de medio punto ornamentada donde se encuentra la imagen de la Virgen del Villar, patrona del pueblo. Destacan sus columnas salomónicas y sus estípites.
La sacristía se encuentra situada en el brazo izquierdo del transecto, con marco de piedra bien labrada.
Bajo la ventana del lateral sur se aprecia una piedra calcárea en la cual se encuentran los restos de un escudo. En las piedras que circundan la ventana norte se aprecia claramente la fecha";año de 1691";.
En una sala adjunta al templo, de reciente construcción, se observa una portada en piedra procedente de una casa del pueblo en la que se puede observar un escudo y la fecha "; año de 1741";..
 
La batalla de Uclés
Autor: Agrimiro Saiz Ordoño

Los almorávides conquistaron Valencia en 1102 consiguiendo una importante vía de penetración hacia el interior peninsular. Tras diversos ataques contra los condados catalanes decidieron atacar el reino cristiano por su flanco este, eligiendo a Uclés como primer objetivo.
Este es un punto estratégico celtíbero posteriormente romanizado del que se conservan numerosas inscripciones latinas y que era llamado Pagus Oculensis, de ahí Uclés, en árabe Uqulis. Al desaparecer Segóbriga, pasó la capitalidad de la kura (región) de Santaveria (Celtiberia) a Uclés, donde en 775 se sublevó contra Abd al-Rahman I, al-Fath b. Musa B. Di-l-Nun, de la que hizo su capital y en la que levantó diversos edificios. Bajo la protección de Alfonso VI fue uno de los pocos emplazamientos que empezaron a desarrollarse.
El jefe almorávide Alí ben Yusuf designó a su hermano Tamín, gobernador de Granada, como mando supremo del ejército. Partió en la primera decena de mayo de 1108 -última del Ramadán- dirigiéndose a Jaén, donde se incorporaron las tropas de Córdoba mandadas por Ibn Abi Ranq. Siguieron por Baeza donde, entre la Roda y Chinchilla, se unieron el conquistador de Murcia y Aledo, Abu Abd Allah Muhammad Aysa, y el de Valencia, Abd Allah b. Fátima, con el fin de que ninguna de las milicias se vieran aisladas en algún momento cuando se internaran en territorio enemigo.
El gran ejército avanzó, mal ordenado, indisciplinadamente, según era su costumbre y desprovistos de máquinas de guerra, abiertamente a través de la Meseta, saqueando y quemando los pequeños asentamientos cristianos que encontraban a su paso. Tras veinte o veinticinco días de marcha llegan a Uclés, el miércoles 27 de mayo.
La última jornada fue galopante para sorpender, por la mañana, a sus moradores., Cruzaron el río Bedija, que nace de la fuente fi ras al-madina, sitiando la ciudad extendida por la falda este del escarpado cerro orientado de norte a sur en que está enclavado el castillo, fortificado con puente levadizo y siete torres: Albarrana, de la Plata, Blanca, del Homenaje Viejo, Homenaje Principal, del Pontido y del Palomar; estaba amurallado y contaba con seiscientas cincuenta almenas cuando se extendió con un segundo cerco, y seis puertas: Herrería, Alcantarilla, del Agua, del Póstigo, Sicuendes y San Pedro.
Los habitantes se quedaron estupefactos ante aquel inesperado ataque, poco pudieron hacer para evitar la destrucción de las partes bajas de las defensas y evitar el asalto. Los atacantes hicieron prisioneros a los que no dio tiempo de refugiarse en la alcazaba, que no llegó a ser tomada. En el poblado hicieron estragos, asesinando, arrancando árboles, derribando casas destruyendo la iglesia, sus cruces e ídolos, arrancaron las campanas sustituyéndolas por almuédanos. Saquearon y se hicieron mutuos regalos de prisioneros. Los mudéjares del lugar recibieron a los asaltantes como libertadores descubriéndoles brechas y partes cerradas. El sol se ocultaba y los muslimes regresaron a su campamento disponiendo centinelas que vigilasen sus extremos para evitar algún ataque por sorpresa. Durante el día siguiente, jueves 28, centraron sus esfuerzos en atacar la alcazaba ocasionando daños, pero sin lograr asaltarla.
Informado Alfonso VI del movimiento de tropas enemigas y del cerco que habían impuesto al importante enclave de Uclés, reunió un ejército con las fuerzas que más rápidamente pudo disponer: las propias de Toledo, las de Alcalá de Henares, Catalañazor y las mesnadas de los condes Garci-Fernández, Conde Gomecio, Martín Lainez, García de Cabra, Sancho -nieto del Cid- y Fernando Díaz.
El viejo rey arrastraba una herida en la pierna sufrida en la batalla de Salatrices. No pudiendo entrar en campaña delega el mando del ejército en Alvar Fañez, sobrino del Cid y fundador, entre otros, del Castillo de Huelves. Para darle viso de autoridad a la expedición toma una grave decisión: enviar a su hijo Sancho Alfonsez al frente.
Sancho era su único hijo varón, fruto de las relaciones amorosas con lajoven y bella princesa Zaida. Desde el mismo momento de su nacimiento fue reconocido como heredero, designado a reinar en los dominios cristianos a pesar de haber nacido fuera del matrimonio y de que su madre fuera mora. Su padre así lo quiso haciéndole figurar en los diplomas reales a partir de 1103 ostentando las denominaciones de "puer, regis filius, infans, regnum electus patrifactum y Toletani imperatoris filius". En el "quirógrafo de la moneda", que es el último diploma donde suscribe el infante, aporta el dato de que su padre le había encomendado el gobierno de Toledo. Los cronistas dicen refiréndose a su edad que era "adhuc párvulo", que podía montar a caballo pero era incapaz de defenderse, por lo que estaría en torno a los doce años. Al cuidado de este príncipe de doble sangre, está su ayo el conde de Nájera, García Ordóñez, a quien llaman Boqui tuerto y también Crispín, a quien el rey le hizo el encargo especial de ser el directo responsable de su seguridad.
En Castilla y León había veintisiete nobles y diecisiete obispos, por tanto los ocho aristócratas reunidos por Alfonso VI suponían un quinto de los recursos militares del reino, con unos efectivos entre caballeros, escuderos, mozos de caballos, encargados de las distintas remesas de provisiones y efectos y de los colonos del lugar reclutados de aproximadamente tres mil o tres mil quinientos combatientes.
En la noche del jueves 28 al 29 de mayo, un joven musulmán desertor del ejército cristiano informa a los muslines dando todo tipo de pormenores del mismo. Tamín celebró consejo de guerra con los gobernadores de Murcia y Valencia, Ibn A ysa e Ibn Fatima, y acordaron dar la batalla, pero antes aseguraron bien el campamento reforzando su guarda y sus defensas contra la guarnición de la plaza, por si esta hacía una salida durante el encuentro.
Al rayar el alba, a punto de dar las 6 del viernes 29 de mayo, salieron los musulmanes al paso de los castellanos situándose a poca distancia de Uclés, al suroeste. Avanzaban los cordobeses en vanguardia, las alas las formaban las tropas de Murcia y Valencia, y el centro o saqa va mandado por Tamín con los soldados granadinos.
Los almorávides, como los tuareg del Sáhara y de los confines de Nigeria, de donde procedían, cubrían el rostro con velos negros y atacaban al ritmo ensordecedor de tambores de piel de hipopótamo, con banderas desplegadas, sembrando el terror entre sus enemigos. Además, contaban con saeteros que combatían en ordenadas filas paralelas. La táctica de masas compactas y disciplinadas que actúan en concordancia era nueva para los cristianos, acostumbrados a los encuentros singulares.
Los dos ejércitos estaban a la vista el uno del otro, frente a frente.
Alvar Fañez, sin más, ordenó atacar a la caballería seguida de los de a pie, arremetiendo de frente, en campo abierto, confiando la victoria a la gran fuerza de choque. No hubo misiones de reconocimiento, no hubo planes preliminares, no hubo estrategias, no hubo escaramuzas, no hubo tanteos.
Los cristianos enlorigados descargaron toda su furia contra las tropas cordobesas, a que las derrotan pero no completamente. Estas son capaces de retroceder ordenadamente 1800 metros hacia el este uniéndose a las huestes granadinas. Un forzudo jinete árabe avanzó desafiante. Le salió al encuentro otro campeón cristiano, manteniendo un encarnizado duelo. El castellano fue herido y desarzonado de su montura.
Las alas murcianas y valencianas atacaron el campamento cristiano arrasándolo, poniendo en fuga a la solitaria infantería. Volvieron sobre sus pasos al grueso de la batalla, favorecidos por su mayoría numérica, atacaron los laterales y la retaguardia, mientras los granadinos junto a los recompuestos cordobeses arremetían la vanguardia en una clara táctica envolvente que tantos éxitos les había dado en otras refriegas, y que próntamente aprendió El Cid.
El desorden reinaba en las filas cristianas sin tiempo para defenderse por todos los frentes, incapaces de improvisar un plan de emergencia provocando la huida de una tropa auxiliar de judíos. La situación se volvió dramática y los esfuerzos se centraron en salvar al hijo del rey. Dice D. Rodrigo, que copia y traduce la Primera Crónica General: "Como un enemigo hiriese gravemente el caballo que montaba el infante Sancho, dijo este al Conde: 'Padre, padre, el caballo que monto ha sido herido'. A lo que el conde respondió: 'Aguarda, que también a ti te herirán luego'. Y al punto cayó el caballo, y al caer con él el hijo del rey, descabalgó el conde y colocó entre su cuerpo y el escudo al infante, mientras la muerte se cebaba por todas partes. El conde, como era muy buen caballero, defendí a al infante por una parte cubriéndolo con el escudo y por la otra con la espada, matando a cuantos moros podía; pero al fin le cortaron elpie y al no poder tenerse, se dejó caer sobre el niño porque muriese él antes que el niño". Es esta una versión influida por un cantar de gesta o romance.
Lo cierto es que las tropas cristianas sufrieron una severísima derrota, en parte, por la firme decisión de los nobles de mantener su posición en torno al príncipe, siendo casi totalmente aniquilados. Tras una resistencia desesperada, los siete condes, en su afán de proteger al infante Sancho, escaparon a galope tendido hacia el noroeste, al Castillo de Belinchón, a unos veinte kilómetros. Alvar Fañez, con un grupo regular de caballeros, logró eludir el cerco dirigiéndose hacia el norte para preservar los cauces alto y medio del Tajo.
Pero el peligro no pasó. Los mudéjares de Belinchón aprovecharon la victoria almorávide para alzarse contra sus señores cristianos. Los nobles fueron sorprendidos por un ataque que no había entrado en sus cálculos cuando estaban exhaustos tras la batalla. El príncipe, en vez de recibir protección y refugio en el Castillo, fue traidoramente asesinado junto a sus escoltas.
Según D. Rodrigo, Alfonso VI, al tener conocimiento de la muerte de su heredero exclamó en medio de suspiros: "¡Ay neu fillo!, alegría de mi corazón e lune dos meos ollos, solaz de niña vellez,. ¡Ay neu espello en que yo me solia ver, e con que tomaba moy gran placer! Caballeros, ¿hu melo dejastes? Dadme mey fillo, condes".
La pérdida de la estratégica fortaleza de Uclés, la derrota de su ejército, tantos nobles desaparecidos y sobre todo la pérdida de su hijo, le supuso al rey y su corte un duro golpe del que personalmente no se repondría Al año siguiente fallecía.
El Bedija se tiñó de rojo y el campo quedó sembrado de cadáveres. Los almorávides no hicieron prisioneros. Los que no pudieron huir y quedaron heridos fueron rematados. Les cortaron la cabeza, sumando cerca de tres mil, y con ellas hicieron un macabro montículo desde el que los almuédanos llamaron a la oración pregonando la unidad de Alá, engrandeciéndolo por la victoria habida.
Entre otros destacados, murió en la batalla el imán al-Yazuli. Hicieron un gran botín en caballos, mulas, armas, dinero y escudos que por ser excesivamente pesados les molestaba el cargarlos.
Los de Uclés, sintiéndose a salvo, se mantuvieron en la fortaleza sin apoyar a sus correligionarios en el combate. Tamín, en vez de continuar el sitio del castillo, regresó apresuradamente a Granada y dejó que los gobernadores de Murcia y Valencia acabasen de rendir la ciudadela. Al no disponer de máquinas de asedio y ante las dificultades que ofrecía aquel empinado risco con sus formidables murallas, fingieron retirarse, pusieron celadas y, cuando los sitiados evacuaron la fortaleza y quisieron ponerse a salvo, los sorprendieron matando a unos y cautivando a otros.
A la rebelión de Belinchón y la toma de Uclés, siguieron la pérdida de Ocaña, Amasatrigo, Huete y Cuenca, lo que facilitó al emir Alí, dos años después, emprender una campaña que finalizaría con la absorción de Zaragoza por el imperio almorávide.
Como consecuencia de la derrota de Uclés y opinando que los baños enflaquecían a la gente guerrera, fueron vedados y quitados.
Los musulmanes llamaron al lugar donde se celebró la batalla Siete Puercos. Mas tarde, el comendador de Uclés, Pedro Franco, mudó el nombre por Siete Condes, vocablo que ha derivado en Sicuendes. Con este nombre se levantó un pequeño poblado, hoy desaparecido, entre Tribaldos y Villarrubio, a unos seis kilómetros al Suroeste del castillo. También había una cruz de piedra a mil pasos de la villa, con un crucifijo por un lado y la Virgen por otro. El paraje tiene un hito muy expresivo: La Defensa.
El infante y los condes fueron enterrados en una capilla del Monasterio de Sahagún.
No nos cuesta imaginar cual pudiera haber sido el futuro si la vida del joven Sancho no hubiera sido truncada a tan temprana edad: habría gobernado Portugal, quedando sus dos primos hispano borgoñeses, Alfonso Enrique y Alfonso Raimúndez de señores territoriales bajo su imperio. La unidad de España se habría conseguido muchos años antes incluyendo la totalidad de la península.